Calendarios ArteVida 2020

INTERSTICIOS VITALES

(Intersticios vitales: espacio que existe entre dos momentos de la vida)

ENERO

LAIA, LA DIOSA ARQUERA

(Diosa Ibera, pueblo ibero “layetanos”, provincia de Barcelona)

Cuando estoy en mi centro

el AIRE sopla a mi favor.

Flechas certeras

puntería en la diana

de nuestro destino.

Sabemos lo que queremos para nuestras vidas, tensamos el arco, apuntamos y vamos a por ello.

Tal vez no es lo que se esperaba de nosotras. Quizá te has sentido perdida, observada, juzgada, criticada. Te has preguntado “¿qué hay raro en mí?”, “¿qué estoy haciendo mal?”, “¿estoy dejando pasar el tiempo sin hacer lo importante?”.

Estamos en una pantalla nueva del juego de la que nadie nos había hablado. Un camino “fuera de pista” inesperado.

Hay confusión, pero también un instinto salvaje en nuestro interior, un arco que simboliza la luna y sus ciclos, que son los nuestros, que ahora conocemos bien y podemos usarlos a nuestro favor (y no tener que amoldarnos a la estructura patriarcal que nos imponen desde fuera). Tenemos un montón de flechas impregnadas de nuestros deseos y la habilidad y destreza para usarlas.

Apuntamos, disparamos. Esas fechas nos hacen libres.

FEBRERO

BRIGIT, EL FUEGO DE LA INSPIRACIÓN

(Diosa Celta)

Fuego que me celebra

como falla, como chispa

electrizando poros

consumiendo el ayer.

Hacemos limpieza de armarios, regalamos lo que ya no nos ponemos. Se quedan espacios -en casa y en el corazón- de quienes estuvieron y ya no. Hay huecos que duele ver vacíos, pero sabemos que es necesario quemar aquello que ya solo nos haría llevar más peso en nuestras mochilas y que no dejarían lugar para lo nuevo.

Una centella nos atraviesa a la altura de nuestro plexo solar. Una pequeña descarga que enciende una mínima llama primero, luego una gran hoguera. Sentimos la necesidad de sacar nuestra verdad, lo que tenemos que contar y se nos ha silenciado.

La Diosa de la Inspiración nos empuja a saltar, a confiar en nosotras mismas, en nuestro poder. A lanzarnos a crear aquello que siempre hemos deseado: escribir poemas, pintar, bailar, hacer cerámica, tener un huerto, saltar en paracaídas, viajar a ese país, aprender algo nuevo, practicar un deporte muy distinto a lo que hemos hecho hasta ahora.

Preparémonos para la explosión.

MARZO

BOXEADORA

LA FUERZA EXPANSIVA

Escupir bilis tras cada gancho

vomitar a crochets el veneno

sacar la bala incrustada en el hígado

descargando directos hasta el final del asalto.

“Me siento segura, porque no solo tengo la fuerza en mis músculos, sino que además tengo la fuerza dentro de mí. Ahora tengo la confianza necesaria para enfrentarme a las cosas, tanto si son malas como buenas». Estas son palabras de Efe Florence, una mujer keniana de 21 años que empezó a boxear a los 17.

Podrían ser las palabras de muchas de nosotras.

Boxear nos permite hacer algo que se nos ha negado tradicionalmente a las mujeres (¡de hecho, hasta 2012 este deporte no era permitido para nosotras en los Juegos Olímpicos!).

Boxear nos ayuda canalizar toda esa rabia que machaca nuestras mandíbulas y muelas, que se convierte en una bola indigesta en el estómago y que nos provoca insomnio, intolerancias, migrañas o contracturas.

No chicas, no somos unas histéricas, ni unas débiles. Arrastramos un peso demasiado grande de abusos, de violencia, de maltratos, de violaciones, de humillación, de sumisión. Y, además, se nos niega cómo soltarlo. Se nos diagnostica y se nos medica.

¿De qué tienen miedo?

Las mujeres fuertes y seguras parece ser que no interesan.

El día 8, en vez de “felicitarme”, trae tus guantes y vamos a darle al saco.

ABRIL

EOSTRE, EL DESPERTAR

(Diosa celta de la primavera)

Todo lo sentido te ha llevado a este lugar.

Te rompiste, la oscuridad, lo denso.

El drama era necesario.

Y este lugar es el punto de partida.

Resquebrajaste -desde dentro- el cascarón.

Saliste del lodo.

La esperanza toma el relevo

Solo en la oscuridad se gesta lo nuevo.

Todo sucede de repente. Lo verdaderamente importante, cuando menos lo esperamos, ocurre.

Algo muy desagradable pasa. No nos lo podemos creer.

A veces, nos quedamos ahí: “no, no está pasando” nos repite una voz en bucle en nuestro interior. Esa voz nos ayuda a seguir funcionando, aunque sea en automático.

Pero sí. Ha ocurrido.

Y la vida sigue.

Tú sigues.

Con lo perdido, con el daño, con la ausencia, con la traición, con el rechazo, con el abandono, con un corazón (o una vulva) sangrante, te sientes desmembrada, tal vez con partes en necrosis o amputadas. Literal o simbólicamente. Porque hay luchas invisibles, pero no por eso menos dolorosas…es más, creo que provocan que nos sintamos aún más solas e incomprendidas.

Maldecimos, lloramos, hablamos con amigas para entender algo, para ir construyendo una historia que tenga algún sentido.

Necesitamos un sentido.

A veces encontramos explicaciones en terapias, en libros, en historias de otras personas, en la espiritualidad. Pero otras veces no nos vale nada porque la vida te lleva al borde del precipicio. ¿Para algo?

Sí.

Ningún dios ni diosa quiere que te mueras.

Pero sí que nuestro ego se repliegue, nuestra sensación de que podemos controlar. Nos resistimos, somos fuertes y luchadoras, nos han enseñado a esforzarnos… ¿CÓMO NOS VAMOS A RENDIR AHORA?

 Comprender que ACEPTAR no es rendirse da mucha calma.

 Llega el momento en que las lágrimas se acaban; y poco a poco, es esa humedad la que hace que en la semilla suceda la magia, que no es otra cosa que lo que tenía que ocurrir.

Porque todo sucede de repente, lo verdaderamente importante, cuando menos esperamos, ocurre. Lo bello también.

MAYO

BELTANE, LA UNIÓN

(Festividad de origen celta -y del norte de Iberia- sobre la fertilidad y la sexualidad)

Cabalgamos sobre potros desbocados

manteniendo el equilibrio sobre el instinto indomable.

Campo abierto explotando en primaveras.

Libélulas que zigzaguean en un mismo vuelo.

Sentir es de valientes

y el verbo amar se conjuga con alas.

Algunas personas me dicen que se enamoran poco a poco, que el cariño y la amistad se va transformando en otra cosa. Una amiga me dijo que en realidad nos enamoramos de la vida que imaginamos junto a esa persona. No descarto nada, puede que me ocurra alguna vez. Pero no es mi experiencia.

Yo, cuando me he enamorado ha sido como ese “rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio” como escribió García Márquez. Así, tal cual. Me enamoro desde las tripas, que es ese lugar que está entre mi vulva y mi corazón, que tiene mucho de intuición, de ver aquello que los ojos no ven, de sentir lo que no se puede explicar.

Si me pongo en lenguaje terapéutico, puedo decir que mis necesidades inconscientes han encontrado a la persona que me va a enfrentar con aquello que tengo que sanar. Si me pongo mística, puedo creer que es el destino, la persona que mi alma elige para vivir aquello estaba escrito. Si me pongo racional empiezo a calcular si esa persona sería adecuada para mis proyectos vitales, si encajaría en mis amigos, en mi familia, con mi gato, en mi ciudad. Si me pongo humana, sea lo que sea que signifique, me entra el miedo a sufrir (al fin y al cabo, todos/as llevamos nuestra mochila de experiencias anteriores) …

Aun así, cuando ese impacto me atraviesa, salto despegándome del suelo.

Y confío en el viaje.

JUNIO 

NOCTILUCA

(Noctiluca o Malak, Diosa fenicia, se le rendía culto en Málaga, de ahí su nombre)

HIJA DE LA LUNA

Tu reflejo en el océano, luciérnagas saladas

mensajeras de recuerdos de antes de nacer

cuando me acunabas con tu piel de plata.

“A veces siento vacío”.  Así empezó hace poco una clase con mis alumnos y alumnas de la ESO. Era difícil de explicar y lo intentamos dibujar. A partir de ahí comenzamos a profundizar, a bajar al cuerpo eso que no sabía poner palabras nuestra mente.

¿Tal vez este intersticio vital en el que me encuentro es otra adolescencia?

 Otro momento de cambio, de transformación, de eso que llaman crisis. Lo que siento es bastante parecido a lo que están sintiendo todo este grupo de chicos y chicas de 15 o 16 años que me acompañarán este curso. No somos tan distintos.

Gracias a ese vacío me doy cuenta que no añoro a nadie en concreto, que -por suerte-  no me falta nada en especial. Esa sensación es la puerta que nos da miedo cruzar porque descubre nuestra vulnerabilidad, esa que pensamos que al “madurar” se va a ir. Esa vulnerabilidad que, en realidad, es la vida misma, es la que nos permite conectarnos, vincularnos, sentir.

Una de mis alumnas, Ainara, me enseñó algo importante. Al final de la clase dijo: “profe, con esta actividad he aprendido que el vacío, por mucho que lo queramos tapar, siempre estará abierto. Y si no lo estuviera, nunca sabríamos quiénes somos en realidad”.

Me siento afortunada de tener tantos/as maestros/as cada curso.

JULIO 

SORORIDAD

(Relación de hermandad y solidaridad entre las mujeres para crear redes de apoyo que empujen cambios sociales dirigidos a lograr la igualdad)

Sois el vaho que descubre

como magia,

las palabras escondidas en mi espejo.

Acudís en forma de ungüento

que lubrica mis arterias

para convencerme de que no existe soledad

mientras poesía seamos nosotras.

Al menos yo, estoy bastante harta de que me cuestionen mi forma de vivir. Puedo ser “la que se le va a pasar el arroz”, o la envidiada por ser independiente, libre, viajar…Harta de que me digan “¿cómo una chica como tú no tiene novio?” o … “siempre estás con chicas, ¿eres lesbiana?”.

No les culpo de estar metidos/as en la rueda, de no ver sus condicionamientos, de no haber podido transitar otros caminos, de no haberse tenido que cuestionar nada. O de haber preferido no hacerlo. Y no es condescendencia, es mi intento de trascender el enfado de ser el reflejo de sus propias necesidades o frustraciones.

Eso no me pertenece.

Por eso soy feliz con mis amigas, con mis hermanas de sangre (con su significado en términos menstruales y no de genética), con mis compañeras de lucha, de manifestaciones, de proyectos creativos que “abran melones” (entiéndase, cabezas duras hechas de patriarcado) con purpurina morada, con mis caminantas poetas recitando por Madrid. Nutriéndome con mi madre, con mis abuelas, con mis tías, con su sabiduría y sus experiencias.

Tejer ese telar es el mayor regalo que me ha dado la vida.

 AGOSTO

PANMAMA, MADRE TIERRA AMASANDO LA VIDA

(PanMama, tal y como las autoras de este calendario imaginan a la Madre Tierra)

El Big Bang fue un parto donde comenzaron:

los océanos con el líquido amniótico

los vientos con el primer llanto

las galaxias de piel con piel.

Mamá Cósmica ahora amasa la vida

añade todos los ingredientes

y reparte un pedacito a cada ser.

Hay veces que las obviedades nos impactan de manera curiosa, casi ridícula. Como cuando decimos con superstición “calla, calla, no hables de la muerte…”, como si nombrarla la atrajese y no hacerlo la apartase. Sin embargo, esa es una de las pocas cosas que son seguras: todo lo que está vivo, en algún momento morirá.

Me pasó lo mismo al leer la frase de Pabla Pérez: “todo ser humano habita alguna vez un útero”.

 Verdad verdadera.

Tal cual.

Lo sabemos.

Pero esa evidencia puso ante mí todo el dolor de las aberraciones que hacemos, que nos hacen, a las mujeres. ¿Cómo podemos maltratar así a nuestro propio origen? ¿a la fuente de la vida?.

Lo mismo hacemos con nuestra Madre Tierra.

Enhorabuena si te sientes inadaptado/a. En esta sociedad enferma es un buen indicador.

P.D.: ¿Qué podemos hacer con nuestro pedacito de vida para ser parte de la masa crítica que genere grandes cambios?

SEPTIEMBRE

AMALUR Y EL EQULIBRIO DE MABON

(Amalur: Madre Tierra de la mitología vasca. Mabon: Festividad del equinoccio de otoño)

Tierra que me sostienes

enterrando miedos, abonando misterios

ofreciendo frutos que desgranaré

poco a poco, soltando.

Cuando somos conscientes de la abundancia en la que vivimos inmersos/as inevitablemente nos sentimos agradecidos/as, como consecuencia natural. Es época de granadas, higos, castañas y uvas. La naturaleza rebosa y nos regala de golpe sus cosechas sin pedirnos nada a cambio.

A su vez, el suelo se va cubriendo de hojas. El ciclo continúa. Los árboles se desprenden de sus ropajes. Si mirásemos a menudo a la naturaleza entenderíamos más cosas. Sin embargo, nos da miedo soltar, desprendernos, desapegarnos.

No queremos tampoco perdonar, o sí queremos, pero no sabemos cómo. Y puede que a quien tengamos que perdonar, en última instancia, es a nosotros/as mismos/as.

El dolor es un valle, parte del camino.

Sufrir, sin embargo, es instalarnos a vivir allí.

La naturaleza es más simple. Mira, por ejemplo, un río: fluye sin aferrarse a un lugar, a una persona, a una situación.

OCTUBRE

FAIDU, LA DIOSA LOBA

(Diosa loba celta. Se puede corresponder con Luperca, la loba romana).

Niña-Loba de instinto salvaje. Poderosa.

Fuerza que despierta, en otros, inseguridades.

Te pusieron trampas, en algunas caíste.

Algunas heridas aún sangran

pero no es impedimento.

Mujer-Salvaje de instinto de loba

aúllas recordándonos

que la familia es un círculo frente a una hoguera

que el hogar no es un lugar sino un vínculo

que nuestro ritmo es cíclico

y que junto a los Hombres SinMiedo

haremos que el terreno sea fértil

para seguir creciendo.

Todos/as deberíamos leer a Clarissa Pinkola Estés. En “Mujeres que corren con los lobos” hace un repaso de todo aquello que es importante que las mujeres sepamos, aquello que tenemos que transmitir como madres o padres a nuestras cachorras lobas: la importancia de saber protegernos y defendernos, la capacidad escuchar a nuestro instinto y no dejar morir nuestras pasiones, el humor como herramienta sanadora, huir del maltrato y de la dependencia… Podría poner muchos ejemplos.

Pondré uno más: decir en alto los secretos. Esas cosas “que no se dicen”. Ese daño, ese rechazo, esa humillación, esa traición, ese abandono, esa injusticia que se cometió contra ti.

Airearlo, que deje de ser algo oculto que se enquista y emponzoña.

Liberarlo. Ese rehén solo nos hace enfermar.

Soltar ese peso nos hace estar muy ligeras para correr cual lobas, en manada.

NOVIEMBRE

MORRIGAN, DIOSA DE LA MUERTE

(Diosa celta)

Lo que mata.

No es la bala, es su impacto

es la cavidad que crea

es la vibración que absorbe el cuerpo.

No es quién se fue, qué se acabó

es quedarse en la fría

caverna de la ausencia.

Lo que vive

está en movimiento, avanza

aunque sea despacio, respira

aunque duela.

¿No ves las heridas que tienes en las manos de tanto tirar de la cuerda?

¿No te das cuenta de cómo tienes la espalda de llevar todo el peso?

Suelta.

Llóralo. Permítete sentirlo.

Pero luego, déjalo ir.

Estoy hablando de la muerte.

La muerte de quien tanto querías y con quien tanto compartiste.

El fallecimiento de un bebé no nacido. O al nacer.

La muerte de tu mascota.

La muerte de tu relación y, con ella, de todo un idioma (en su amplio sentido) que compartíais que nunca se volverá a hablar.

El fin de una etapa, la casa que ocuparán otras personas, la ciudad en la que queda parte de ti pero que ya no será tu residencia.

Quien eras. Quien ibas a ser.

Suelta. Llóralo.

Pero, amorosamente, déjalo ir.

Mira cómo sale costra y una nueva piel sobre la que se abrió y sangró.

Hay un ciclo universal mucho más allá de lo que deseamos, del dolor humano. Ese sí es eterno.

DICIEMBRE

AUTOMATERNAJE, AMOR QUE SANA

(Vincularte y conectarte contigo mismo/a de una manera especial).

En mi centro, cual núcleo de planeta

eres eje, calor y magnetismo.

Ahí desde siempre pero ahora, como nunca,

te cuido, te protejo y te escucho

hasta que una nueva muerte nos impulse a renacer.

Cuántas veces se oye “no tengo tiempo”, “no me da la vida”.

Cuántos capítulos de una -o varias- series puede ver una persona a lo largo de un mes.

Cuántas horas pasan algunas -o muchas- personas jugando a videojuegos cada tarde.

Cuántos adolescentes -o no tanto- tienen como único ocio emborracharse.

Cuántas cosas se compran sin necesitarlas -y ni siquiera aportan una pizca de felicidad-.

El amor necesita tiempo. Se nutre de caricias, de contacto. De presencia. De jugar con nuestros cachorros (humanos o no). De escucha. Requiere ritmo lento. Reconocer. Validar. Acoger los conflictos, negociar, aceptar, perdonar. Cuidar.

Paremos. Respiremos.

Eso que llaman meditar es encontrarte con ese ser que hay dentro de ti. Ese/a niño/a que fuiste, que aún habita en ti, que nunca se irá. Y que te necesita: tu tiempo, tus caricias, tu presencia, tu cuidado, tu reconocimiento, tu perdón, tu amor.

No estás -ni estarás-, NUNCA, solo/a.